Amor: ¿lucha de gigantes?
¿Los seres humanos seguimos perdidos en una lucha de gigantes, esforzándonos en reducir nuestra maravillosa diversidad a puntos de conflicto en el amor y en las relaciones?
Soy mujer, y me encanta serlo, pero no lo elegí yo; me vino dado. No creo en las generalizaciones y cada vez menos en las diferencias entre hombres y mujeres. Sí, cada vez más, en las diferencias entre personas. Me gusta que tod@s seamos diferentes. Me gusta que no seamos un producto básico.
Por eso no quiero entrar ni participar en esta ‘lucha de gigantes’ que estamos viviendo ni en las típicas técnicas y estrategias para ligar. Cuando me preguntan si hombres y mujeres buscamos lo mismo en una relación, mi respuesta siempre es la misma: sólo hay personas que quieren algo, lo que sea que deseen.
Reconectar con nuestros lados fememino/masculino
Estaría genial que todos consiguiéramos reconectar con nuestro lado femenino y masculino. Todo ha cambiado y sigue cambiado a pasos agigantados, de hecho desde que el amor romántico murió y dio paso al amor confluente.
Antoni Bolinches, en una entrevista en «La Vanguardia» ofrecía un panorama que puede no ser el mismo ya: «La mujer se fija primero en la inteligencia; luego en la simpatía, si se divierte con él; y por último, en la personalidad, en que sea un hombre maduro, magnético. Los hombres, al principio se enganchan por el atractivo femenino, pero, con el tiempo, esa atracción disminuye.
Y entonces necesitan que esa relación sea más o menos cómoda. Buscan una compañera de viaje que suponga un apoyo emocional». No soy quien para rebatir esta teoría, pero basándome en la observación y en las conversaciones con amigas, amigos, conocidos, compañeros de trabajo y clientes de la agencia de matchmaking, me atrevo a decir que a la mujer también le interesa el físico y el sexo… y mucho.
¿De verdad sabemos lo que queremos?
Simplemente creo que a ambos sexos nos interesan las mismas cosas, todos buscamos en el otro los mismos ingredientes, pero cada persona necesita una dosis determinada de cada uno de éstos, dependiendo de su perfil sináptico, de su educación.
Marisa Peer ha identificado la posible causa de un problema que provoca el desencuentro actual entre sexos: «En mi libro I am enough [Soy suficiente] hablo sobre los roles tradicionales de género que dan forma al comportamiento. Según la investigación, las niñas de tan sólo seis años tienen menos probabilidades de pensar que los miembros de su propio género pueden ser intelectualmente brillantes. Esto no tiene nada que ver con la habilidad innata. Más bien, es un reflejo de la forma en que nuestra sociedad y la cultura pop modelan a hombres y mujeres.
Tradicionalmente, los hombres a menudo son retratados como los que están en el poder, desde políticos y altos ejecutivos hasta superhéroes en películas. En contraste, a las mujeres se les daban tradicionalmente roles secundarios, simplemente suplementarios a los hombres “brillantes”. Los hombres poderosos y brillantes nos resultan familiares; las mujeres poderosas y brillantes lo han sido menos.
La mayor necesidad de un hombre es sentirse admirado e indispensable; cuando las mujeres descubren que pueden hacer lo que solía ser visto como el trabajo de un hombre, los hombres se sienten amenazados y prescindibles. Lamentablemente, esto significa que el nivel de aspiración intelectual se vuelve desconocido para las chicas jóvenes y, por lo tanto, es menos probable que lo persigan, ya que a la mente le encanta lo que le resulta familiar.
Si la riqueza, el éxito y el amor no le son conocidos, debido a un historial familiar o a la historia misma en cuya elección no tuvo parte, ¿cómo se puede superar esto y encontrar la felicidad por uno mismo? Hay buenas noticias. Podemos elegir activamente hacer que las cosas familiares que no queremos en nuestras vidas no sean familiares. Además, podemos elegir convertir las cosas que queremos, esas que nos gustaría tener o vivir y que nos resultan desconocidas, en familiares. De hecho, los estudios muestran repetidamente que nuestra familiaridad con ciertos sentimientos no es fija; constantemente estamos volviendo a aprender lo que nos resulta familiar».
Sintamos más, pensemos menos
Entonces, ¿somos las mujeres más enamoradizas porque nos educaron así? ¿Sigue vigente el pensamiento de que el hombre desliga más fácilmente amor y sexo? ¿Existen todavía las mujeres tipo Bridget Jones que escriben en su diario «y todavía sin pareja» como si fuera un drama, un estigma? ¿Seguimos perdidos unas y otros? ¿Sabemos lo que queremos? Y si no lo sabemos, pues ni tan mal, no tenemos por qué saberlo todo. Sintamos más, pensemos menos, aceptemos nuestras diferencias y seamos equipo, no rivales.