¿Cuánto dura el amor? Dicen que el amor está de moda. No hay más que entrar en Google o en cualquier IA y escribir «encontrar pareja» y, hala, avalancha. Las mejores apps para ligar, para encontrar el amor, para tener un hijo, para tener una novia o novio invisible —sí, no es broma—, para citas rápidas, para encontrar sexo en tu radio de acción, para encontrar sexo fuera de tu radio de acción, para hacer tríos, para intercambio de parejas, para poliamor, para mantener la chispa en una relación a distancia… Hay de todo para tod@s.

Conclusión: mantener relaciones sexuales es relativamente fácil hoy día. Ni siquiera es necesario observar al otro, seducir, conquistar, sucumbir, rendirse, hablar, bailar o cenar.

Dopamina y oxitocina

El mundo digital, las apps, las webs de citas se han convertido, en cierto modo, en adalides de este nuevo concepto en el que el dogma «hasta que la muerte nos separe» ha dado paso al «hasta que esto dure». Porque ¿cuánto dura el amor? Si lo entendemos como enamoramiento «fisiológico», ese aumento del ritmo de los latidos del corazón y las mariposas en el estómago, es decir, altos niveles de dopamina, entre tres y seis meses. La siguiente etapa ya sería amor romántico, aumento de la oxitocina.

Me he preguntado muchas veces por la posibilidad de no asignar el monopolio de nuestra facultad de amar a una sola persona al mismo tiempo o durante toda la vida… Podemos decidir cómo queremos amar, somos libres, pero… ¿lo hacemos realmente? ¿Sabemos que tenemos esa opción?

Puede que nosotros, habitantes de la «modernidad líquida» que acuñó Bauman, empecemos a estar un poco perdidos entre la deslumbrante y estimulante posibilidad de probar todo el catálogo de oportunidades globalizado en el universo app y el miedo a «establecer relaciones duraderas» que impliquen, tal como expresa el psicoanalista, psicólogo social y filósofo Erich Fromm, «humildad, coraje, fe y disciplina».

Al fin y al cabo,

«Mientras esté vivo, el amor siempre pasea al borde de la derrota. Disuelve su pasado a medida que avanza, no deja tras de sí trincheras fortificadas a las que podría replegarse para buscar refugio en caso de necesidad. Y no sabe qué le espera ni qué puede depararle el futuro. Nunca adquiere la confianza suficiente para dispersar las nubes y apaciguar la ansiedad. El amor es un préstamo hipotecario a cuenta de un futuro incierto e inescrutable» (Zygmunt Bauman, Amor líquido).

Pero quizá esta nueva sociedad digital busca una complicidad diferente para con el otro, quizá esa precariedad que tiñe ahora las relaciones afectivas y amorosas y que está conformando un nuevo panorama caracterizado por ene comienzos y ene finales indoloros sea un síntoma de transición necesaria hacia la búsqueda de algo más auténtico.

Ahora casi nada perdura, casi nada es a largo plazo; los contratos de trabajo indefinidos han cobrado, gracias a las crisis, su significado literal; asumimos la obsolescencia de los apara- tos y dispositivos móviles como algo natural…, nos aburre e inquieta la permanencia porque nos hemos acostumbrado a vivir en una continua y estimulante renovación.

¿Creemos que podemos darle esquinazo al amor?

En un capítulo de la séptima temporada de The Good Wife, Alicia Florrick —la abogada protagonista— dijo, después de tener sexo ocasional con su exmarido, por quien ya no sentía amor: «El sexo es más sexy cuando no te importa». ¿Quiso decir que no nos importa el después con aquellos a los que ya no amamos o con los que acabamos de conocer o con los que no queremos seguir conociendo después de una noche, de dos o de tres? ¿Acaso se disfruta más cuando no se ama?

Cuando no trasciende, no traspasa y el amor simplemente no empaña el corazón, no llega, no vuelve, no se manifiesta. Así no hay compromiso alguno, no hay responsabilidad sobre el sentimiento del otro, no existe carga emocional.

No niego que puede suponer una liberación fabulosa no amar al otro y, sobre todo, admito que la idea de no sentirte vulnerable es tentadora. Pero ¿de verdad hemos creído que podemos darle esquinazo al amor? ¿De verdad seguimos pensando que mostrar nuestra vulnerabilidad es sinónimo de debilidad?

Por favor, un poco de humildad.