Puede que nosotros, habitantes de la «modernidad líquida» que acuñó Bauman, empecemos a estar un poco perdidos entre la deslumbrante y estimulante posibilidad de probar todo el catálogo de oportunidades globalizado en el universo app y el miedo a «establecer relaciones duraderas» que impliquen, tal como expresa el psicoanalista, psicólogo social y filósofo Erich Fromm, «humildad, coraje, fe y disciplina». Al fin y al cabo, «mientras esté vivo, el amor siempre pasea al borde de la derrota. Disuelve su pasado a medida que avanza, no deja tras de sí trincheras fortificadas a las que podría replegarse para buscar refugio en caso de necesidad. Y no sabe qué le espera ni qué puede depararle el futuro. Nunca adquiere la confianza suficiente para dispersar las nubes y apaciguar la ansiedad. El amor es un préstamo hipotecario a cuenta de un futuro incierto e inescrutable» (Zygmunt Bauman, Amor líquido).

El triunfo de la inmediatez

Pero quizá esta nueva sociedad digital busca una complicidad diferente para con el otro, quizá esa precariedad que tiñe ahora las relaciones afectivas y amorosas y que está conformando un nuevo panorama caracterizado por ene comienzos y ene finales indoloros sea un síntoma de transición necesaria hacia la búsqueda de algo más auténtico. Ahora casi nada perdura, casi nada es a largo plazo; los contratos de trabajo indefinidos han cobrado, gracias a las crisis, su significado literal; asumimos la obsolescencia de los aparatos y dispositivos móviles como algo natural…, nos aburre e inquieta la permanencia porque nos hemos acostumbrado a vivir en una continua y estimulante renovación. Los cambios económicos y sociales contagian también la forma en que vivimos las emociones y las relaciones interpersonales, y es natural. Puede que estemos ante la obsolescencia programada de las relaciones amorosas tal como las entendía-mos antes.

El gran supermercado del amor

Es también el sociólogo, filósofo y ensayista polaco Zygmunt Bauman quien nos habla del miedo a un futuro incierto y a la posibilidad de ver en los sentimientos perdurables, en la vinculación auténtica, un lastre que frene nuestras aspiraciones sociales, representadas sobre todo por la búsqueda del placer inmediato (exterior) y no de la felicidad (interior).

En el gran supermercado del amor, son las ofertas las que parecen captar nuestra atención. En cierto modo, el ritmo de la sociedad nos incita a preferir lucir muchas prendas prêt-à-porter, de calidad estándar pero muy a la moda, en vez de alta costura. Así, si nos cansamos o vemos muchas iguales, no nos supone un drama prescindir de ellas. Y esto no está mal ni bien, simplemente es un nuevo paradigma, una manera diferente de disfrutar de la vida.

Así las cosas, se vuelve difícil seguir la inercia de lo que nuestros mayores nos indican como el camino indicado, el correcto, el que se espera de nosotros. ¡Pero es que puede que no haya que seguirlo!